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Realidad Aumentada en el mundo del arte y la cultura

El sector artístico siempre se ha mantenido en un horizonte quizás, no apto para todos los públicos. Los precios de mercado, la élite cultural o el ámbito académico han restringido los medios hacia el consumo consciente de usuarios interesados pero no expertos. Afortunadamente, la irrupción de las nuevas tecnologías, no solo han facilitado el acceso a la información “a la carta” sino que han permitido que los negocios tradicionales se sumen a la utilización de éstas, como una herramienta imprescindible de comunicación. Potenciar la visibilidad del espacio físico, promocionar al artista o difundir los fondos almacenados en depósito, son algunas de las labores básicas que los departamentos de difusión, de museos o galerías de arte, priorizan entre sus habituales tareas. Por su parte, la experiencia del visitante ha pasado de un estado de inercia obligatoria a un nivel medio-alto más que adecuado para el disfrute.

La tecnología como medio de expresión: el artista y la Realidad Aumentada

Más allá de las nuevas tecnologías y, sobrepasando nuestra capacidad de digestión científica, las tecnologías emergentes se ponen al servicio de mentes creativas que necesitan adaptarse a un nuevo y aleatorio mercado laboral. Aunque los criterios para su valoración aún son desconocidos, la Realidad Aumentada se constituye como una nueva realidad física que transita de una experiencia pasiva a otra interactiva. Es aquí donde el artista se configura como un pionero que impulsa una nueva estética enfrentándose a las tradiciones. Con la RA el aire se convierte en un lienzo que pintar donde emergen nuevas ideas que concluyen en el desafío de otorgar libertad a un espectador activo dispuesto a elaborar su propia historia. Es por tanto un papel esencial el que juega el artista en el desarrollo y evolución de la RA ya que sus exploraciones llevan a desarrollar tecnologías que luego se vuelven de uso común.

Realidad aumentada destinada al público

Desde hace ya algún tiempo la Realidad Aumentada se ha convertido en una herramienta tecnológica al servicio de la cultura. El consumo del visitante, directamente relacionado con los momentos de ocio, ha demandado prácticas interactivas con la finalidad de obtener experiencias completas. Por un lado, la RA ha permitido crear espacios que por motivos de seguridad o conservación no pueden verse. Del mismo modo, ésta aporta elementos lúdicos que permiten aprender de una manera más didáctica y entretenida. Tampoco se puede perder de vista la dificultad de conservación que supone la pervivencia del patrimonio inmaterial y, como esta tecnología supone una nueva manera de custodiar y preservar culturas que se mueren. Los museos, por su parte, también han sabido sumarse al carro de la innovación reemplazando las antiguas audioguías por apps, que incluyen una Realidad Aumentada capaz de representar a un artista en el momento de dibujar un lienzo o de recrear una batalla o un acontecimiento del pasado.

Realidad Aumentada como herramienta de negocio: el profesional del arte

El espacio limitado, tanto expositivo como de almacenamiento en una galería, condiciona el número de obras que se muestran en una exposición. La RA permite mostrar al cliente las piezas almacenadas en un escenario real o exhibir una exposición alternativa con aquellas obras que no puedan colgarse en la pared. Del mismo modo, esta experiencia puede trasladarse a una exposición personalizada en el propio espacio del cliente, facilitando así la decisión a la hora de cerrar la venta.
Cada vez son más las galerías que se suman a la participación en ferias de arte buscando alternativas comerciales y nuevos coleccionistas. El desembolso necesario supone un gran riesgo para un negocio donde la Realidad Aumentada contribuye a rebajar las cuotas. Nuevamente, la posibilidad de mostrar obras a través de RA, permite disminuir no solo gastos de transporte sino también del pago por metros expositivos y almacenaje.
Las ferias de arte también pueden beneficiarse de la utilización de la Realidad Aumentada como una herramienta para el guiado del visitante dentro del recinto. Ferias como ARCO o Art Madrid, reúnen cada año más de 200 galerías y multitud de visitantes. Estos datos dificultan no solo la circulación por el recinto, sino que también complican el acceso y el tránsito hacía obras expuestas así como a una posible compra.

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